La trampa del bullying y el silencio cómplice del gobierno de Mendoza

El bullying no es una enfermedad, es un fracaso en la convivencia. Desarmamos los mitos detrás de la violencia escolar junto a un especialista que conoce Mendoza desde adentro. ¿Por qué las respuestas disciplinarias de la DGE no alcanzan? Una mirada urgente sobre cómo el autoritarismo de los adultos y la falta de formación docente están dejando a los más débiles desprotegidos.

¡Hola, mendocinas y mendocinos! Hoy quiero que nos detengamos a pensar en lo que está pasando en los patios y en las aulas de nuestras escuelas. Tuve el honor de charlar con el Dr. Aldo Cicuto, un tipo que sabe de verdad porque dedicó su doctorado y años de gestión en el Centro Infanto Juvenil a entender el bullying.

Lo primero que tenemos que grabarnos a fuego es que el bullying no es cualquier pelea. Es una situación de poder entre pares donde uno queda ubicado como «el débil» y otros como agresores, ante la mirada de los que observan. ¡Miren si será grave que nació de estudios sobre suicidios adolescentes en Europa! Y acá en Mendoza, mientras tanto, lo naturalizamos con frases como «tienen que aprender a defenderse» o «son cosas de chicos». ¡Mentira! Es un daño que se mantiene en el tiempo, a veces por años, y que deja a los pibes en una alerta permanente, con miedo de ir a la escuela mañana.

https://youtu.be/MJNzUEStwig

Lo que más me preocupa como militante y docente es cómo la política educativa de Cornejo y las reformas de Milei le escapan al bulto. El bullying es un problema de convivencia social, no un manual de psiquiatría. Si el gobierno nacional reduce la salud mental solo a las enfermedades psiquiátricas, ¿quién va a cuidar a nuestros pibes que sufren este acoso sistemático? La DGE muchas veces interviene cuando ya explotó todo, tratando como un «problema de disciplina» lo que es, en realidad, un pedido de ayuda desesperado.

Tenemos que construir el «NOSOTROS» desde la formación y la empatía, no desde el castigo. El docente necesita herramientas, no resoluciones frías que se quedan en el escritorio. La «Política de la Bondad» empieza por no dejar solo al que sufre y por dejar de premiar al autoritarismo. ¡La convivencia se construye, no se impone con un policía en la puerta!

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