En la edición de Ida y Vuelta del lunes 2 de noviembre dedicamos el bloque a la educación, pero no de manera abstracta. Nos visitó Rubén Esper, docente investigador y autor de los libros Mitos y realidades de la educación y Ecopedagogía, un paradigma educativo. Junto a Gabriel, conductor del programa, y la columnista Andrea Blandini, recorrimos los mitos que rodean a la escuela, los problemas del sistema actual y una propuesta para pensar la educación desde nuestra propia identidad.
Un mito es, en el fondo, un prejuicio
Esper explicó que hay muchos mitos instalados sobre la educación. Uno de los más extendidos sostiene que los chicos de los sectores más pobres tienen pocas posibilidades de progresar en la escuela. Otro dice que la educación popular es imposible de aplicar dentro del sistema educativo. Para él, un mito es en el fondo un prejuicio, y escribió su primer libro frente a frases que escuchó muchas veces en su carrera: «no se puede», «no nos dejan», «no podemos».
Contó que en la mayoría de los casos ejerció la libertad de cátedra, con algo que considera clave: la fundamentación. Cuando un docente está convencido y fundamenta lo que propone, explicó, es difícil que un directivo o un supervisor le diga que no. En el libro reúne entre 25 y 30 experiencias concretas de escuelas que lograron cambiar.
Cuando el propio sistema pone trabas
Según planteó, el problema no es que los sectores populares no puedan acceder a la educación, sino que muchas veces el sistema les pone trabas. Dio un ejemplo personal: entró a una escuela técnica de Mendoza rindiendo un examen de ingreso. Hoy, para entrar a esa misma escuela, un chico necesita tener promedio 10 en la primaria o vivir muy cerca. También se mencionaron los horarios universitarios, que hacen muy difícil estudiar y trabajar al mismo tiempo.
La educación pública como medida de un país
Esper conoce los sistemas educativos de México, Brasil, Chile, Perú, Bolivia y la Argentina, y trabajó tanto en escuelas públicas como privadas. Su conclusión fue contundente:
«La potencia de un país lo marca su educación pública.» (Rubén Esper)
Explicó que en la escuela pública se cruza la vida misma, con personas de todos los sectores sociales, y que por eso tiene dos grandes finalidades: que circule el conocimiento y que aprendamos a convivir. También valoró que en la Argentina los programas educativos surjan de los ministerios de Educación, sean las escuelas de gestión pública o privada.
¿La educación puede ser un negocio?
Gabriel trajo una noticia internacional: China prohibió que la educación privada tenga fines de lucro. Blandini sostuvo que la lógica de esa medida es correcta, porque la educación no es un negocio, aunque en América Latina sea cada vez más común que se abran escuelas con esa mirada. Recordó que educar es mucho más que enseñar a leer y escribir: es aprender a convivir y desarrollar capacidades, no solo preparar personas para un trabajo o para manejar la inteligencia artificial.
«Ni siquiera se necesita tanta plata para hacer buena educación.» (Andrea Blandini)
La columnista agregó que lo que hace falta es una buena planificación y organización del sistema. Esper coincidió en lo central y sumó un matiz: en un Estado de derecho, la iniciativa privada en educación es lícita siempre que respete los lineamientos del Estado, con un Estado presente que oriente y supervise, y sin ir en contra de la justicia social ni de la justicia ambiental.
Dos leyes que marcaron el rumbo
Para caracterizar el sistema actual, Esper repasó dos leyes. Sobre la Ley Federal de Educación de 1993, señaló que uno de sus mayores errores fue debilitar la escuela técnica, lo que hizo que se perdieran muchos oficios. Sobre la Ley de Educación Nacional 26.206, de 2006 y todavía vigente, destacó avances como el aumento del presupuesto educativo y la incorporación de computadoras. También mencionó que hay un proyecto enviado al Congreso para reemplazarla, que todavía no se debate.
Como desafíos pendientes, marcó el abandono escolar por problemas económicos, sociales y de salud; una mirada todavía muy centrada en autores europeos y poco en los latinoamericanos; y un currículum que baja de arriba hacia abajo y deja poco lugar a la creatividad de los docentes.
Ecopedagogía: volver a la relación con la naturaleza
En el cierre, Esper presentó su segundo libro, Ecopedagogía, un paradigma educativo. Planteó que la educación trabajó mucho la razón y poco la parte emocional y creativa, y que somos seres «sentipensantes»: pensamos y sentimos al mismo tiempo. Propuso recuperar la relación con la naturaleza que conservan los pueblos originarios, donde el agua, la tierra y el aire tienen valor en sí mismos y no son solo recursos para explotar.
También habló de la «inteligencia natural»: frente al avance de la inteligencia artificial, sostuvo que el gran desafío de los docentes es estimular la originalidad y la intuición, una capacidad humana que, según explicó, se debilita cuando no se ejercita.
La mirada de la columnista
Fui maestra durante 34 años y escuché muchas veces el «no se puede». Por eso esta charla me dejó una certeza: en la escuela se pueden hacer cambios cuando hay docentes convencidos, directivos que acompañan y una comunidad que se involucra. La educación pública es mucho más que un servicio: es el lugar donde nos encontramos todos, sin importar de dónde venimos. Cuidarla no depende solo de cuánta plata se invierta, sino de cómo se planifica y de cuánto se escucha a quienes están todos los días en el aula. Si queremos un país con futuro, el camino empieza en la escuela pública.
¿Estás de acuerdo con todo lo expuesto?
Aviso: este es un programa de opinión y análisis. Los planteos, testimonios y cuestionamientos que compartimos corresponden a nuestra mirada y a la de quienes participan del programa, y no constituyen afirmaciones de hecho verificadas de forma independiente.

