El escenario socioeconómico en la Argentina atraviesa un nivel de deterioro que sobrepasa el análisis puramente macroeconómico para asentarse en la vida cotidiana de los hogares. El aumento desmedido del endeudamiento familiar, la pérdida acelerada del poder adquisitivo y la incapacidad de cubrir necesidades básicas dibujan una coyuntura donde la sostenibilidad del país está en discusión.
Deuda de subsistencia: el costo de la canasta básica con tarjeta de crédito
Uno de los fenómenos más alarmantes de la actual crisis es la mutación del crédito. Si históricamente el financiamiento personal o bancario se orientaba a la adquisición de bienes durables o consumo extraordinario, hoy la población recurre a tarjetas y billeteras virtuales para solventar gastos inflexibles: alimentos, medicamentos, alquileres y servicios públicos.
Este endeudamiento para comer o pagar la luz genera lo que la doctrina económica y social define como deuda de subsistencia. En un contexto donde los salarios no acompañan la inflación real y el crédito se encarece con tasas desproporcionadas, las familias caen en un espiral de morosidad irrecuperable.
«La deuda, esta deuda que se está juntando es la más alta desde el 2004».
Mendoza y los números de la mora: la respuesta del gobierno local
La provincia de Mendoza expone con dureza esta radiografía. Los plásticos de consumo masivo en sectores populares reflejan niveles de morosidad inéditos: plásticos como Tarjeta Naranja superan el 35% de mora, seguidos por plásticos de supermercados y financieras con índices por encima del 25%. A esto se suma que dos tercios de los hogares argentinos registran ingresos per cápita sumamente rezagados respecto al costo de vida real.
Frente a este escenario de ahogo, las medidas anunciadas por la gestión provincial de Alfredo Cornejo —presentadas mediáticamente como una ayuda para los endeudados a través del Banco Nación— se limitan a beneficios marginales, como exenciones de sellos o reducciones menores en Ingresos Brutos para los créditos, en lugar de brindar alivio financiero directo o una inyección salarial a los trabajadores estatales.
Esta falta de soluciones de fondo convierte a los anuncios oficiales en paliativos cosméticos que no resuelven la falta de liquidez en la economía doméstica.
Límites del modelo económico y la necesidad de organización popular
La combinación de caída del salario real, encarecimiento del financiamiento y paralización del consumo tensiona no solo las cuentas familiares, sino la arquitectura financiera nacional y los compromisos de deuda externa con organismos internacionales como el FMI. La falta de capacidad de pago interna vuelve inviable el esquema en el mediano plazo.
«Se acabó el chiste, no somos sostenibles, hay que volver a ser sostenibles».
Ante el riesgo inminente de remates, embargos o cortes de servicios para quienes no pueden afrontar sus deudas, la respuesta no debe ser la resignación ni el sobreendeudamiento individual. Se vuelve imprescindible apelar a la solidaridad comunitaria, la resistencia pacífica en el territorio y la articulación de un frente político amplio que recupere la dignidad del trabajo, el valor del salario mínimo y la justicia social.