Este 24 de agosto tuvimos una nueva edición de Ida y Vuelta, programa producido y emitido originalmente por Otras Voces Multimedio. En esta ocasión recibimos a Pablo Espina, secretario de gobierno de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, para hablar de un tema tan sensible como necesario: la situación de las personas en situación de calle en el Gran Mendoza.
Un número que crece año a año
Pablo Espina explicó que la Ciudad de Mendoza comenzó a trabajar esta problemática hace tres años, a partir de una inquietud del propio intendente, y que este último invierno fue el de mayor cantidad de personas relevadas en esa situación. Las encuestas oficiales hablaban de alrededor de 420 personas en el Gran Mendoza, aunque el relevamiento propio del municipio llegó a contabilizar hasta 700, considerando el movimiento constante de personas que ingresan a la ciudad desde otros departamentos, provincias e incluso países.
Refugios temporales, no soluciones eternas
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue el criterio con el que se diseñaron los refugios municipales: espacios de acompañamiento por un plazo acotado (alrededor de tres meses), con normas de convivencia redactadas junto a las propias personas asistidas, equipos de trabajadoras sociales, promotores de derecho y acompañamiento nocturno de preventores y policía.
«El proceso debe tener un corte, porque cuando se provoca el acostumbramiento hacia adentro es cuando se producen algunas características en la persona que lleva al aburguesamiento.»
Espina explicó que este año trabajaron con dos refugios de 80 personas cada uno (el Refugio Azul, en articulación con la Fundación América, y otro a través de la Fundación Hentala), sumando en total unas 120 a 140 personas asistidas, de las cuales solo 25 eran oriundas de la Ciudad de Mendoza; el resto provenía de otros departamentos, provincias e incluso países limítrofes.
Tres perfiles distintos, según el padre Marcelo de Benedictis
Una de las claves conceptuales que aportó Espina fue la distinción realizada por el padre Marcelo de Benedictis, referente de la Pastoral de Calle, entre tres perfiles: la persona «emergente» (que empieza a quedarse sin recursos para sostener un alquiler), la persona «crónica» (con una situación de calle sostenida en el tiempo) y un tercer grupo que puede ocultar otras problemáticas, como el delito. Esta distinción, según explicó el funcionario, permite diseñar estrategias de abordaje diferenciadas en lugar de tratar la situación de calle como un bloque homogéneo.
La respuesta desigual de los municipios
Uno de los tramos más críticos de la nota fue el diagnóstico sobre cómo cada uno de los 18 municipios de la provincia aborda esta problemática. Según explicó la columnista Andrea Blandini, tras una investigación propia, de los 18 municipios solo ocho dieron algún tipo de respuesta cuando se los consultó; en varios casos directamente no hay ningún abordaje institucional, y en otros la respuesta oficial fue que «hace mucho frío para que haya gente en situación de calle», una afirmación que fue calificada como una respuesta inadecuada frente a una problemática real y documentada.
También se destacó que municipios como Las Heras (con un trabajo sostenido junto a la organización Remar) y San Rafael cuentan con dispositivos propios funcionando, mientras que en otros departamentos más alejados la situación se resuelve de forma mucho más precaria, incluyendo personas que directamente pernoctan en vehículos.
El vínculo entre el ajuste económico y el crecimiento de la problemática
Un punto de conexión que se planteó en el programa fue la relación entre el deterioro del poder adquisitivo y el aumento de personas en situación de calle. Se señaló que jubilados que ya no pueden sostener el pago de un alquiler, junto con la eventual reforma de la ley de alquileres (que permitiría el desalojo a los diez días de atraso en el pago), configuran un escenario de creciente vulnerabilidad habitacional que trasciende el perfil «tradicional» asociado a la situación de calle.
«Cualquiera puede estar en una situación de calle en menos de 24 horas.»
Módulos alimentarios que terminan vendiéndose
Espina hizo una autocrítica notable sobre una práctica histórica de asistencia social: la entrega de módulos alimentarios (como paquetes de fideos) a personas que no tienen dónde cocinar. Según explicó, esta desconexión entre la ayuda ofrecida y la realidad concreta de la persona asistida termina generando que esos insumos se vendan o intercambien, en lugar de cumplir su función original. El funcionario planteó que este diagnóstico obligó al municipio a repensar la forma de vincularse con comedores y merenderos.
El caso de la reinserción laboral de 2001-2002
En un pasaje del programa, la columnista compartió una experiencia personal vinculada a los años de la crisis de 2001-2002, cuando participó de las formaciones de un programa de reinserción social y laboral impulsado desde el entonces Ministerio de Infraestructura de la Nación, en un contexto en el que cientos de argentinos habían quedado en situación de calle. Según relató, la orden que se dio en ese momento a las organizaciones sociales involucradas fue clara: buscar a las personas en situación de calle y acompañarlas en un proceso de reinserción laboral, no solo asistencial.
Cierre: «Basta de separarnos más»
Hacia el final de la entrevista, Pablo Espina evitó deliberadamente pronunciarse sobre la coyuntura política, pero sí remarcó que la experiencia de estos tres años de trabajo en los refugios mostró que la única forma de avanzar fue la articulación entre el sector privado, la Pastoral de Calle, el Arzobispado y el municipio, dejando de lado las diferencias ideológicas.
«No importan las ideologías que tengamos, si no vamos juntos hacia el punto de equilibrio, como comunidad hemos fracasado.»
La mirada de la columnista
Lo que más rescato de esta charla es haber visto la situación de calle desde adentro de la gestión, y no solo desde el prejuicio de quien camina por la vereda y se pregunta por qué esa persona sigue ahí tirada. Me llevo dos certezas: primero, que cualquiera de nosotros puede estar en situación de calle en menos de 48 horas, sea por un robo, una enfermedad o una crisis económica; y segundo, que hay una demonización de la justicia social que no se condice con la realidad de un ajuste que cada vez expulsa a más gente de sus casas. No puede ser que solo ocho de dieciocho municipios tengan una respuesta concreta frente a esta problemática. Este tema tiene que dejar de ser noticia solo cuando hace frío, y convertirse en una política de Estado sostenida durante todo el año.
Aviso: este es un programa de opinión y análisis. Los planteos, testimonios y cuestionamientos que compartimos corresponden a nuestra mirada y a la de quienes participan del programa, y no constituyen afirmaciones de hecho verificadas de forma independiente.
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