Sindicatos sí: la dignidad del trabajo frente a la demonización de Cornejo

Frente a una crisis que parece dinamita, la respuesta no es el sálvese quien pueda, sino la comunidad organizada. Analizamos el rol de la CGT local, la necesidad de abrir los gremios a la capacitación tecnológica y cómo, inspirados en el legado de Néstor y Evita, podemos transformar la necesidad de sobrevivir en proyectos de vida con trabajo digno.

¡Qué alegría saludarlos! En este último encuentro en «Argentina Hoy», nos sentamos a conversar con Gerardo Ortega, un compañero que entiende que la democracia sindical se defiende con las urnas y con la cara frente a los trabajadores. Hablamos de algo que me preocupa mucho: cómo el gobernador Cornejo intenta demonizar a los gremios para justificar sus decisiones unilaterales en las paritarias. Dicen que los sindicatos no representan a nadie para poder decir ellos «yo decido el porcentaje y yo decido cómo». ¡Mienten!

Discutimos la importancia de la reforma laboral y por qué hoy, más que nunca, el «sindicato sí» es la respuesta. Gerardo nos contaba cómo su comisión llegó para renovar 25 años de una gestión anterior, demostrando que la alternancia y las nuevas ideas son lo que hace crecer a las instituciones. Pero también hicimos una autocrítica necesaria sobre la CGT: hay mucho ego y poca acción en algunos sectores. Necesitamos pequeñas acciones que vuelvan a conectar con la gente, especialmente con quienes han perdido el trabajo y hoy hacen magia para parar la olla.

https://www.youtube.com/watch?v=9d2L0RUFvPg

Propusimos recuperar la mística de la formación en oficios. Así como Evita entregaba máquinas de coser y Néstor impulsaba cooperativas como «Los Pingüinos» —donde formamos gasistas y electricistas que hoy hacen grandes obras—, hoy los gremios deben abrirse a las nuevas tecnologías. Excel, computación, nuevas habilidades digitales; eso también es defender al trabajador. No podemos esperar que el gobierno lo haga porque sabemos que no les interesa. La patria es el otro y la contención debe nacer de nuestras propias manos. ¡A no bajar los brazos que el maná no va a caer del cielo, lo tenemos que construir nosotros!

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