La mochila de los pibes no es un botín de guerra para Cornejo

Cuando el Estado se vuelve violento, los jóvenes espejan esa violencia. Analizamos las medidas de Mercedes Rus y Cornejo frente a las amenazas escolares: entre el escritorio en la puerta del baño y la requisa constante, estamos rompiendo el vínculo pedagógico. Es hora de entender que los pibes no son el problema, son la consecuencia de una sociedad que los condena y un presidente que insulta por televisión.

¡Qué tal, mendocinas y mendocinos! Hoy me toca hablarles desde lo más profundo de mi ser docente. Lo que hemos vivido en estas últimas horas en nuestras escuelas es de una violencia institucional que hiela la sangre. Ver a los docentes recibiendo instrucciones para no dejar entrar a los chicos con mochila, poniendo policías en la puerta y —lo más rancio de todo— haciendo sentar a una autoridad en un escritorio a la entrada de los baños… ¡es el colmo!

Le hablo directamente a Mercedes Rus. Usted es madre, es mujer, debería entenderlo: para un niño, la mochila es su parte más íntima. Es donde guarda el cuaderno con el «excelente», donde guarda los colores que con tanto sacrificio le compraron sus viejos, pero también donde guarda sus miedos. Obligarlos a ir con una bolsa transparente para que todos vean qué llevan adentro es un daño irreparable a su intimidad. ¡No tienen por qué pasar por esa humillación!

https://www.youtube.com/watch?v=8xz002GJqDU

Como charlábamos con Fabiana y Rodolfo en «Argentina Hoy», estamos viviendo una violencia que emerge desde arriba. Si el presidente de la Nación usa epítetos irreproducibles y violenta verbalmente a todo el mundo, ¿qué esperan que hagan los pibes? Los chicos ven que el sistema los condena, que no hay para comer y que encima ellos parecen ser el problema. La violencia que aflora en las escuelas es el grito de pibes que necesitan llamar la atención porque los adultos les hemos soltado la mano. No necesitamos más policías, necesitamos equipos que entiendan qué les pasa en la cabecita. La «Política de la Bondad» es entender que el castigo no educa, solo resiente. ¡Basta de tratar a nuestros alumnos como delincuentes!

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