A 90 años de su primera edición, la Vendimia sigue siendo mucho más que una celebración cultural: es un termómetro político, social y económico de Mendoza.
Desde sus orígenes en el Parque General San Martín hasta la consolidación del anfiteatro Frank Romero Day (financiado con fondos nacionales durante el gobierno de Juan Domingo Perón), la Vendimia ha sido un espacio donde la política siempre estuvo presente.
Cada año, la atención no solo se centra en el espectáculo, sino también en quiénes asisten, qué mensajes se dan y qué expectativas se generan. En ese marco, la ausencia del gobernador Alfredo Cornejo en el acto central de la Vendimia 2026 marca un hecho inédito en la historia reciente de la provincia.
Más allá de los argumentos oficiales, la decisión de priorizar un viaje a Estados Unidos en lugar de participar del evento más representativo de Mendoza tiene un fuerte impacto simbólico. La Vendimia no es solo una fiesta: es el momento en que la provincia se mira a sí misma.
Este año, además, la celebración estuvo atravesada por múltiples tensiones. Por un lado, expresiones artísticas y sociales en rechazo a proyectos mineros sin garantías ambientales. Por otro, un contracarrusel que reunió a trabajadores, productores y distintos sectores sociales que manifestaron su descontento.
Sin embargo, estos reclamos tuvieron escasa visibilidad en los medios masivos, lo que abre un interrogante: ¿qué espacios le quedan a la ciudadanía para expresar sus demandas cuando no son amplificadas?
En paralelo, la crisis de la vitivinicultura volvió a ocupar un lugar central. Aunque reconocida por las autoridades, también expone años de decisiones que han debilitado al sector. El debate sobre el rol del Estado, el mercado y organismos como la COVIAR vuelve a estar en el centro de la escena.
La Vendimia también dejó ver tensiones en torno al rol de la mujer. En un contexto marcado por un 8M con menor visibilidad, resurgen debates sobre desigualdad, sobrecarga de tareas y la distancia entre el discurso meritocrático y la realidad cotidiana.
Así, la Vendimia 2026 no solo celebró una tradición: expuso las contradicciones, los conflictos y las preguntas abiertas de una provincia que busca su rumbo.


