¡Hola a todos y todas! Qué alegría y qué necesidad enorme tenemos de seguir encontrándonos en este espacio. Hoy, en nuestra habitual mesa de redacción de Argentina Hoy, estuvimos analizando junto al equipo una realidad que nos duele en el alma, esa que no sale en las tapas de los grandes diarios.
Arrancamos hablando de lo obvio: qué linda que está la nieve, ¿no? Divina para los que pueden ir a esquiar. Pero para nosotros, la nieve solo vino a destapar la brutal desigualdad territorial que sufrimos. Hoy, de clase media para abajo, nadie puede prender un calefactor. Los impuestos son morbosos, al punto de que a un conocido le llegó una boleta de luz de un millón de pesos. Nos han quitado hasta el derecho a no morirnos de frío en nuestras propias casas.
Y como si fuera poco, nos enteramos de la modificación nefasta al Monotributo, un golpe directo al laburante informal y a los cientos de trabajadores que Alfredo Cornejo dejó precarizados en el Estado provincial. También nos duele el cierre de la histórica planta de Unilever (Knorr): 60 empleados y 20 chacras a la deriva. ¿Y saben por qué no hay marchas masivas? Por el miedo. Este gobierno se ha encargado de disciplinarnos, de meternos terror para que no publiquemos, no hablemos y bajemos la cabeza.
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Pero lo que más me desvela es la «deuda interna». Estamos en los niveles de endeudamiento más altos de los últimos 20 años. Casi la mitad de los argentinos está endeudado, y lo más grave: Mendoza está peor que el promedio nacional. El 30% de los mendocinos debe plata, y el 21% de ellos ya es irrecuperable. Los bancos y billeteras virtuales hacen su fiesta con la bicicleta financiera mientras nosotros nos ahogamos.
Y acá me detengo porque me parte el alma: las mujeres estamos siendo las más golpeadas. Mis compañeras docentes, esas que cobran salarios de miseria de 936.000 pesos, hoy están usando la tarjeta de crédito para comprar comida y pagar los medicamentos de sus hijos con la receta de OSEP. A esto los neoliberales le llaman «insuficiencia de ingresos estructurales»; nosotros le llamamos hambre y crueldad.
Frente a este modelo de exclusión y descarte, hoy más que nunca tenemos que abrazar la «Política de la Bondad». Tenemos que cuidarnos, informarnos y volver a tejer ese «NOSOTROS» que nos va a salvar. ¡No bajemos los brazos!
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