No es gratis: despidos y una sociedad al límite

Un testimonio crudo sobre despidos, reforma laboral, caída del empleo y el impacto real en los barrios. Desde el regreso de los clubes del trueque hasta los cortes de servicios y el miedo cotidiano al despido, una mirada sobre lo que está ocurriendo más allá de la burbuja política.

 

La dirigencia política parece cada vez más lejos del territorio. Mientras en los despachos se discuten reformas y estrategias electorales, en los barrios resurgen los clubes del trueque, crecen las ferias informales y se multiplican los relatos de despidos.

No es una discusión abstracta. Es concreta. Es diaria.

Una trabajadora contó que su hijo, empleado en un frigorífico de la provincia, recibió un mensaje avisándole que al día siguiente debía ingresar más tarde. Pensó que era un simple cambio de turno. Lo esperaba la carta de despido. Él y tres compañeros que habían ingresado hacía apenas tres meses quedaron afuera. Situaciones como esta se repiten y se naturalizan.

El impacto no es solo económico. Es emocional, social, estructural. Un despido no afecta únicamente el ingreso: altera la rutina, la identidad, la estabilidad de una familia. Erosiona el tejido social.

Mientras tanto, se avanza con reformas laborales que, según sectores críticos, no fortalecen a las pymes ni a la producción local, sino que benefician a grupos concentrados que no reinvierten en el país. La discusión no es ideológica solamente: es sobre el modelo de desarrollo y sus consecuencias.

En reuniones vecinales aparecen otros datos preocupantes: familias con hijos con discapacidad que reciben avisos de corte de gas en la antesala del invierno. La memoria colectiva recuerda 2001 y 2002, cuando proliferaron las conexiones clandestinas porque miles no podían pagar los servicios. Hoy el contexto social es aún más complejo.

A esto se suma un escenario electoral que parece transcurrir como si nada estuviera pasando. Las elecciones departamentales, que definen gestiones territoriales concretas, se vuelven un punto clave para discutir qué modelo se quiere sostener.

El mensaje central es claro: lo que está ocurriendo no es gratis. Los efectos ya se sienten en empleo, ingresos y condiciones de vida. Y las consecuencias sociales pueden profundizarse si no hay respuestas.

La pregunta que queda abierta es cuánto más puede tensarse una sociedad antes de reorganizarse.

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