Hola, compañeros, compañeras y a cada mendocino que defiende lo nuestro! Esta semana en nuestra mesa de redacción tuvimos una charla que nos estremece el alma y nos convoca a la acción inmediata. Nos visitó Paola Romero, compañera, enfermera del Hospital Central y flamante Secretaria General del nuevo gremio SISAMEN (Sindicato Sanidad Mendoza), para ponerle voz a una realidad que el gobierno de Alfredo Cornejo y las políticas destructivas de Javier Milei intentan tapar con pauta y mentiras: el vaciamiento sistemático de nuestra salud pública y el maltrato feroz a quienes nos cuidan.
Escuchar a Paola nos refrescó la memoria de una manera brutal. Hace apenas seis años, en plena pandemia, los aplaudíamos a las nueve de la noche. Hoy, ese mismo Estado provincial los castiga con salarios básicos ínfimos, dibujados con ítems no remunerativos que, en la realidad de la calle, se traducen en poder comprar apenas un kilo y medio de carne con los supuestos «aumentos». Y para colmo, cuando llega el momento de las «paritarias», lo denuncié en la mesa con todas las letras: en Mendoza no hay negociación de buena fe; hay imposición. Te imponen el sueldo miserable y, si no te gusta, te persiguen.
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Lo más indignante de esta época es la profunda hipocresía institucional. Mientras el gobierno nacional y provincial militan la motosierra, defienden el déficit cero y exigen sacrificios a los jubilados y trabajadores para pagar las deudas financieras que nos dejó el macrismo, es el propio Estado mendocino el primero en pisotear y violar las leyes laborales. Tienen a miles de compañeros precarizados, que entraron a jugarse la vida durante el COVID y que, años después, todavía no pasan a planta permanente. Trabajan sobreexigidos, mal pagos y bajo amenaza constante.
Frente a esta crueldad planificada que solo busca dividirnos y quebrarnos el espíritu, nosotros respondemos con organización y con la «Política de la Bondad». Me quedo resonando con esa frase inmensa que nos regaló Paola al cierre: «elegir la alegría como trinchera». Porque a pesar del dolor, del abandono y de la asfixia económica, la salida siempre es colectiva. Hay que armar nuevos liderazgos, dialogar entre los distintos sectores y construir ese NOSOTROS solidario e invencible. No nos van a robar la esperanza, ni mucho menos la salud de nuestro pueblo. ¡A seguir sembrando huella!
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