El mensaje detrás del voto en blanco

El 26 de octubre dejó una señal contundente: abstención, voto en blanco y desencanto. ¿Qué está diciendo realmente la ciudadanía y cómo deben responder las fuerzas políticas?

Las elecciones del 26 de octubre dejaron al descubierto una realidad incómoda: casi la mitad de la ciudadanía decidió no elegir. Entre quienes no fueron a votar y quienes votaron en blanco o nulo, se configuró un mensaje político fuerte que las estructuras partidarias no pueden seguir ignorando.

En departamentos como Las Heras, votó apenas el 66,96%. Eso significa que más de 56.000 personas no asistieron. Si sumamos el voto en blanco y nulo, el desinterés supera el 44%. No estamos frente a una sociedad desinformada, sino frente a una ciudadanía que no encuentra una opción que la represente.

Desde De ida y vuelta ya habíamos anticipado que sería una elección de estructura, de baja participación y con una fuerte señal de desapego. Lo que ocurrió confirmó ese diagnóstico. En un escenario donde la mayoría de las listas se armaron desde la calle Peltier y no desde la realidad territorial, la gente hizo su lectura: no acompañó.

Cornejo mismo, al subir al escenario, lo reconoció: llamó la atención la cantidad de mendocinos que no fueron a votar. Eso marca el inicio de un nuevo desafío para la política provincial: recuperar el interés de la gente. Y eso no se hace con slogans, sino con candidatos que representen de verdad, con renovación interna y, sobre todo, con cercanía.

Pero también hay un problema estructural: la comunicación. La oposición no logró instalar su mensaje ni explicar por qué debía ser una alternativa. A esto se suma la concentración mediática en Mendoza, con una única línea editorial alineada al oficialismo, que opaca cualquier contraste político.

Mientras tanto, el discurso nacional instaló una lógica binaria: “Milei o el abismo”. La respuesta del campo opositor fue intentar poner un freno, pero sin contenido suficiente detrás. Y la ciudadanía no vio propuestas claras. No conoció a los candidatos. No vio cercanía. No vio escucha.

Ese vacío político generó el fenómeno actual: una ciudadanía que siente desencanto, desconfianza y desapego. No es apatía: es un mensaje. Y si no se interpreta ahora, cuando llegue la próxima elección, la distancia será aún más grande.

Hoy, el desafío es reconstruir el vínculo entre la política y la sociedad. Escuchar, abrir los espacios, sumar a quienes quieran participar y, sobre todo, volver a hablar de los problemas reales: trabajo, seguridad, salud mental, educación, vivienda. No se sale de esta crisis sin representación genuina.

El voto en blanco habló fuerte. Ahora, la política tiene la obligación de responder.

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