La coyuntura política y económica de la Argentina nos obliga a mirar los números con suma crudeza. Los datos recientes indican que la gestión del presidente Javier Milei atraviesa su momento más delicado desde que asumió. Con un rechazo que supera ampliamente el 60% y una caída de imagen positiva de más de 20 puntos en el último año, el modelo libertario comienza a mostrar fisuras evidentes en el territorio. Este desgaste no es una casualidad; es la consecuencia directa e inevitable de una política económica que ha pulverizado el poder adquisitivo de los salarios y ha licuado dramáticamente las jubilaciones.
El aumento permanente y desproporcionado de las tarifas de los servicios públicos, sumado a la escalada constante en el costo de los alimentos básicos, ha empujado a millones de familias argentinas a un estado de endeudamiento crónico. Hoy, la realidad marca que los sueldos ya no alcanzan siquiera para cubrir las necesidades hasta fin de mes. El brutal ajuste que se está llevando adelante, lejos de ser equitativo como se prometió, recae de manera aplastante sobre las espaldas de la clase trabajadora, mientras favorece de forma exclusiva a los sectores de mayores ingresos y concentración de riqueza.
El estancamiento peronista frente a la crisis
Sin embargo, frente a este escenario de deterioro acelerado, surge un dato político que debería encender todas las alarmas dentro del campo popular: la brutal caída del oficialismo no se está transformando automáticamente en votos o adhesión para la oposición. Las figuras nacionales más resonantes del peronismo, como Axel Kicillof, Cristina Fernández de Kirchner o Sergio Massa, logran sostener sus núcleos duros de apoyo, pero evidencian grandes dificultades para capitalizar el descontento social masivo.
¿Qué está pasando realmente con el movimiento fundado por Juan Domingo Perón? La respuesta parece radicar en una profunda crisis de representación. La ciudadanía, golpeada por el día a día, no encuentra un liderazgo opositor que le devuelva la esperanza y le proponga una salida clara.
«Hacer peronismo de verdad es crear fuentes de trabajo, es producción, es industria, es derechos.»
No alcanza con plantearse como la antítesis discursiva del gobierno actual. Es imperioso volver a conectar con las bases y ofrecer soluciones tangibles a problemas reales, algo que en la actualidad no se está percibiendo en la oferta opositora.
El silencio cómplice de los sectores subsidiados
A pesar del impacto social de las medidas económicas, el gobierno nacional todavía conserva un núcleo de apoyo duro que oscila entre los 30 y 35 puntos. ¿Quiénes sostienen este porcentaje? Por un lado, aquellos sectores que mantienen ingresos fijos muy por encima del millón y medio de pesos, cuyos puestos de trabajo no corren riesgo y viven una realidad ajena a la crisis general. Pero también existe otra realidad incómoda.
Hay un segmento de la población que, llamativamente, se mantiene «calladito la boca» mientras sigue percibiendo los mismos derechos y asignaciones garantizados por gestiones anteriores. La Asignación Universal, los subsidios estatales para sostener las cuotas de las escuelas privadas y otras políticas públicas siguen activas. Estos beneficiarios terminan sosteniendo indirectamente a un gobierno que aborrece y busca desmantelar ese mismo Estado que hoy los asiste.
Mendoza y la urgencia de una unidad sin grietas
Todo este complejo panorama nos empuja a la urgencia política más grande de nuestro tiempo: lograr la unidad total. Si los máximos dirigentes a nivel nacional no están dispuestos a conformar un frente único y sólido, sin una sola grieta, el daño al país será irreversible. Y esta exigencia interpela de manera directa a la política en Mendoza.
Faltando poco tiempo para que se definan los armados electorales, la dirigencia mendocina no puede seguir jugando a las escondidas. Los intendentes, el ciurquismo, el camporismo y cada vertiente interna del movimiento justicialista provincial tienen la obligación moral e histórica de unirse. Si el frente opositor no logra articularse desde el centro hacia la izquierda, será imposible frenar en las urnas a este modelo devastador que está convirtiendo a la Argentina en un país social y económicamente insostenible. El momento de reaccionar y armar un gran frente colectivo es ahora.


