Mendoza atraviesa una de las crisis estructurales más profundas de su historia reciente. En un nuevo programa, tuvimos el agrado de recibir al presidente del PJ de Capital para poner sobre la mesa la cruda realidad que golpea a nuestra provincia. Tras doce años de gestiones radicales encabezadas por Alfredo Cornejo, el saldo es alarmante: una economía provincial de espaldas a la producción, industrias destruidas y los sueldos más bajos de todo el país.
El combo explosivo que destruye el tejido social mendocino se compone de múltiples factores locales y nacionales. Por un lado, la crisis agrícola e industrial es inocultable. Los chacareros y productores vitivinícolas sufren una caída brutal en sus ingresos; para muestra basta un botón: la uva fina derrumbó su valor de 1000 a 300 pesos, en momentos en que los insumos, el combustible, los químicos y los salarios agrarios no paran de subir. Los cheques de cobro tardío llegan flacos e insuficientes, mientras mercados externos históricos se cierran por ineptitud o trabas geopolíticas, como ocurrió con el ajo y las restricciones del mercado brasileño.
El vaciamiento productivo y el despilfarro oficial
A este panorama desalentador se le suma la retirada sistemática de empresas estratégicas. La salida progresiva de YPF de suelo mendocino para concentrar sus servicios en Vaca Muerta, sumada al colapso histórico de la industria metalmecánica tras los incumplimientos internacionales que afectaron a firmas emblema como Pescarmona, dejó a miles de familias sin horizontes laborales.
«Mendoza tendría que desarrollar un proceso minero con presencia del Estado al estilo chileno, donde tengamos la industria minera dándonos recursos reales.»
Mientras tanto, el gobierno provincial opta por la burocracia y el marketing político. Se destinan recursos monumentales a armar empresas estatales fantasma —como firmas mineras o de servicios— cuyo único objetivo real parece ser garantizar sueldos millonarios para los dirigentes de la Unión Cívica Radical. El crimen de haber desperdiciado los 2000 millones de dólares de Portezuelo del Viento en obras de asfalto electoral superficiales, en lugar de invertirlos en la dirección del agua para potenciar nuestros oasis productivos, es una muestra cabal de la falta de visión estratégica.
La estafa financiera y la autocrítica necesaria
A nivel nacional, el modelo económico del gobierno de Javier Milei complementa este cuadro de situación con un juego perverso de especulación financiera. Los bancos operan con absoluta impunidad, ofreciendo créditos con tasas de interés usureras que asfixian y endeudan de manera brutal a millones de argentinos. La economía real se destruye mientras se premia la timba financiera a la vista de todos.
Frente a este escenario, desde el peronismo debemos tener la madurez de hacer una profunda autocrítica. No se puede gobernar con déficit fiscal ni apelando a una emisión descontrolada que destruye el poder de compra de la población. Como bien marcó Néstor Kirchner en su momento, el orden económico y la disciplina fiscal no son opcionales; son la base indispensable para construir soberanía y bienestar.
Hacia un modelo de orden y producción
Para transformar esta realidad de cara al futuro, necesitamos implementar un modelo económico virtuoso, basado en criterios claros como el esquema RSA: un tercio para gasto eficiente, un tercio para mantenimiento y un tercio innegociable para el desarrollo productivo. Hay que dotar al Estado de herramientas reales para respaldar al mendocino que arriesga y quiere abrir una industria.
Es hora de dejar atrás los privilegios de la casta y enfocar los recursos públicos en lo que importa: garantizar servicios de excelencia en educación y seguridad, y reactivar nuestra economía real mediante la minería responsable con control estatal, la petroquímica y la agroindustria. La salida no es individual, es colectiva. La construcción de ese gran «NOSOTROS» bajo la Política de la Bondad es el único camino para devolverle la dignidad a Mendoza.


