En una nueva edición de De Ida y Vuelta, el historiador Roberto Tripolone profundizó en un aspecto menos romántico y más estructural de la figura de José de San Martín: su capacidad de liderazgo, su planificación estratégica y su conducta ética.
Uno de los puntos centrales fue la conformación del Ejército de los Andes. Ante la falta de efectivos suficientes, se amplió la convocatoria de reclutamiento y se incorporaron esclavos mediante compra formal por parte del Estado, en un contexto donde eran considerados bienes de alto valor económico. Además, quienes no estaban en condiciones de combatir cumplieron tareas logísticas fundamentales.
En el campamento de instrucción llegaron a concentrarse más de 5.000 personas, en una Mendoza que apenas superaba los 13.000 habitantes y que contaba con recursos escasos. Alimentar, vestir y equipar a esa fuerza fue un desafío organizativo de gran escala.
El cruce de la cordillera implicó una logística compleja: traslado de mulas, provisión de alimentos, leña y armamento en un terreno adverso y en contexto de guerra. Más allá de la imagen simbólica del cruce, lo destacado fue la planificación minuciosa y la ausencia de improvisación.
También se abordó el contexto internacional. El plan estratégico de cruzar hacia Chile y luego avanzar sobre Lima tuvo antecedentes en proyectos comerciales británicos, pero debió adaptarse a un escenario cambiante tras la restauración monárquica en España y el envío de ejércitos profesionales para recuperar las colonias americanas.
Finalmente, se destacó la dimensión ética de San Martín: la donación de parte de su salario para la formación del ejército, el pedido a sus oficiales de hacer lo mismo y su negativa a perpetuarse en el poder cuando le ofrecieron gobernar Chile. Decisiones que, incluso en su época, generaron cuestionamientos.
A pocos días de un nuevo aniversario de su nacimiento, el programa propuso revisar su figura desde la estrategia, la convicción y la ética política, más allá de la representación escolar tradicional.


