En una nueva edición de De Ida y Vuelta, el historiador Roberto Tripolone analizó el paso de José de San Martín por Mendoza y su relevancia histórica. La pregunta disparadora fue clara: ¿cómo puede una figura que vivió menos de cuatro años en la provincia convertirse en uno de sus símbolos más trascendentes?
San Martín llegó a Cuyo en 1814 como gobernador intendente, en lo que fue su debut político. Hasta ese momento, no había ocupado cargos de gestión civil. Su objetivo era preciso: organizar los recursos necesarios para formar el Ejército de los Andes y avanzar en la liberación de Chile y Perú.
Mendoza, por entonces, era una provincia pobre, con escasa infraestructura, alejada de los principales centros económicos del Virreinato. El dinero circulaba hacia España y no se invertía en obras locales. En ese contexto, San Martín implementó una política de austeridad y organización, administrando no solo Mendoza sino también San Juan y San Luis.
Uno de los aspectos destacados fue su capacidad de liderazgo. Logró el apoyo de sectores populares en una sociedad mayormente analfabeta y con presencia de población esclavizada. La idea de independencia debía explicarse y sostenerse en un escenario social complejo.
El desafío era enorme: no existía un ejército profesional en la región, solo milicias sin formación regular. Además, los recursos materiales eran limitados. La estrategia implicó generar financiamiento, organizar la producción local y estructurar una fuerza militar capaz de cruzar la cordillera de los Andes.
Tripolone destacó la tenacidad de San Martín y su coherencia entre discurso y acción: compartía condiciones de vida similares a las de sus soldados y promovía una conducción cercana.
A pocos días de un nuevo aniversario de su nacimiento, el programa propuso revisar su figura más allá de la imagen escolar, entendiendo el contexto político, económico y social que atravesó Mendoza en esos años decisivos para la independencia sudamericana.


