El peronismo mendocino ante su propia interna

De cara a las elecciones del 22 de febrero, el peronismo mendocino enfrenta un escenario complejo: divisiones internas, estrategias de desdoblamiento y la tensión entre lo local y lo nacional. Mientras algunos intendentes apuestan a fortalecer su gestión territorial, la discusión de fondo sigue pendiente: cómo construir una alternativa provincial competitiva rumbo a 2027.

El próximo 22 de febrero será una fecha clave para el peronismo mendocino. Más allá de la elección de concejales en distintos departamentos, el proceso electoral funcionará como un termómetro político interno y una señal de cara a 2027.

En distritos como San Rafael, donde también se eligen constituyentes, el escenario adquiere un peso adicional. La discusión ya no es solo local: lo que ocurra tendrá impacto en la construcción provincial.

En varios departamentos gobernados por el peronismo, la gestión municipal mantiene una valoración positiva entre los vecinos, muchas veces por encima de la percepción que existe sobre la gestión provincial. Esa cercanía territorial puede jugar a favor de los candidatos locales. Sin embargo, cuando el debate se nacionaliza y se plantea en términos de oficialismo versus oposición, el escenario cambia y la polarización influye en el voto.

El oficialismo provincial y nacional buscará instalar una lógica nacionalizada de la elección, mientras que los intendentes intentarán municipalizarla, defendiendo su gestión. En esa tensión se moverá la campaña.

Uno de los puntos centrales es el impacto del desdoblamiento electoral. Varios intendentes apostaron a separar los comicios para evitar el arrastre negativo de una elección nacional adversa y fortalecer su representación local. Ahora deberán demostrar si esa estrategia fue efectiva. No se trata únicamente de sumar un concejal más, sino de consolidar volumen político real.

A esto se suma la interna partidaria. La existencia de listas por fuera del PJ tradicional expone diferencias que no se resolvieron en instancias previas. Esta fragmentación puede debilitar al espacio si no logra transformarse en un proceso de síntesis posterior.

El segundo distrito electoral aparece como un territorio donde hubo mayor ordenamiento y unidad. En contraste, otras zonas muestran tensiones más profundas que incluso impactan en la conducción partidaria.

Pensando en el mediano plazo, el interrogante es mayor: ¿puede el peronismo mendocino construir una alternativa amplia hacia 2027? La respuesta no depende solo de nombres propios, sino de una definición programática clara y de la capacidad de articular un frente más amplio que supere divisiones internas.

Las elecciones del 22 de febrero no solo definirán concejales. También ofrecerán una señal política sobre la fortaleza, la fragmentación y las posibilidades reales de reconstrucción del peronismo en Mendoza.

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