La historia política argentina no avanza en línea recta: se mueve en ciclos. Gobiernos de derecha que concentran poder, amplían desigualdades y avanzan sobre los derechos, seguidos por reacciones populares que buscan recuperar dignidad, trabajo y justicia social. Ese vaivén se repite desde hace más de doscientos años y sigue marcando el presente.
En Mendoza y en el país, la discusión vuelve a girar en torno al mismo eje: quién se queda con la riqueza y quién paga las crisis. La clase media, cuando mejora su situación, suele creerse a salvo; cuando los derechos empiezan a desaparecer, el conflicto reaparece. No es solo una cuestión económica, sino cultural y política.
El peronismo surgió como una tercera posición, ni de derecha ni de izquierda, capaz de interpretar esa tensión histórica y darle forma a una doctrina que puso a los trabajadores en el centro. Con el paso del tiempo, esa doctrina fue vaciada, disputada y, muchas veces, traicionada desde adentro. Aun así, sigue siendo un sentimiento vivo porque transformó vidas concretas.
Las crisis no son solo momentos de caída: también son oportunidades para repensar el rumbo. Pero no hay salidas mágicas ni líderes salvadores. La historia demuestra que los cambios reales nacen de la organización, las asambleas, la movilización y la decisión colectiva de no resignarse.
Cuando los derechos se pierden, el silencio no es una opción. Entender estos ciclos es el primer paso para romperlos.


