El voto ausente también habla

En esta conversación analizamos el dato más contundente de las elecciones: un 33% de mendocinos no fue a votar y el voto en blanco se convirtió en la tercera fuerza. ¿Qué significa esta señal para la democracia? ¿Qué responsabilidades tienen los partidos, los liderazgos y la comunicación política? Desde el interior de Mendoza, el análisis muestra una sociedad que no siente que su voto cambie algo. Un debate necesario para entender el presente político y lo que viene.

Las elecciones del 26 de octubre dejaron un mensaje silencioso, pero profundo: un 33% de los mendocinos habilitados para votar decidió no hacerlo. Y en departamentos como Las Heras, el voto en blanco alcanzó casi el 12%, convirtiéndose en la tercera fuerza.

¿Qué nos está diciendo realmente este resultado? ¿Es desinterés, desorientación o una forma de expresar disconformidad con la oferta política actual?

En este diálogo con el concejal electo Raúl Severino analizamos la situación electoral del departamento y las señales que deja esta elección. La expectativa previa, basada en el contacto diario con los vecinos, era que la oposición tendría un desempeño más fuerte. Sin embargo, pese al deterioro evidente en servicios municipales, problemas de seguridad, limpieza, alumbrado y salud, el electorado mantuvo su apoyo al oficialismo provincial, municipal y nacional.

La discusión también puso sobre la mesa el impacto de la boleta única: un sistema que, aunque transparente, no fue acompañado por campañas de educación cívica. Esto derivó en votos anulados, confusión y una parte de la sociedad que directamente eligió no participar.

Pero la pregunta central es otra:
¿qué hace que miles de personas sientan que su voto no cambia nada?

La abstención masiva no es apatía: es un mensaje. Es una deslegitimación de los liderazgos tradicionales y de la forma en que la política se comunica con la ciudadanía. Es el síntoma de una sociedad que observa, que evalúa, pero que no encuentra una propuesta que la represente.

Mientras tanto, el justicialismo se consolida como segunda fuerza departamental y el voto en blanco evidencia que existe un electorado que quiere participar, pero no encuentra dónde ubicarse.

¿Es un desafío? Sí.
¿Es una oportunidad? También.
Lo que viene dependerá de cómo cada espacio político interprete este 33% silencioso y qué respuestas logre construir.

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