En Mendoza, el ajuste dejó de ser un número macroeconómico para transformarse en hambre real. En mi última columna junto a Guido de la CCC, analizamos el impacto nefasto de la caída del salario social complementario. Estamos hablando de casi 2.000 millones de pesos mensuales que dejan de circular en nuestros barrios mendocinos.
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Lo que más duele es la respuesta —o la falta de ella— de quienes deberían cuidarnos. Cornejo reemplazó la gestión social por parientes; hoy el área de desarrollo está en manos de Santiago Suárez, alguien que, como bien señalamos en la charla, difícilmente sepa lo que es que se te llueva la casa o no tener para el gas. Es la política del «zapato de charol»: funcionarios jóvenes, profesionales y distantes, que justifican lo injustificable mientras las iglesias y merenderos ya no dan abasto.
Milei y sus aliados locales nos quieren meter «para adentro», convenciéndonos de una meritocracia falsa donde solo se salva el que puede. Pero en una Argentina de servicios y entrega de recursos, sin industria ni producción, el esfuerzo individual es una trampa. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras nos entretienen con las conferencias de Adorni o conflictos internacionales lejanos. Nuestra urgencia está acá, en la calle, en el abrazo que debemos darnos para que este invierno no se lleve puesta la dignidad de nuestro pueblo.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que la insensibilidad gobierne Mendoza? Es momento de volver a las bases y exigir respuestas profundas. Dejame tu opinión.
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