Día del Bailarín Folclórico: El Chúcaro y la Ley del Pueblo

Descubrí cómo nació el Día del Bailarín Folclórico en homenaje a Santiago Ayala "El Chúcaro" y por qué el pueblo lo adoptó antes que el Congreso.

La cultura no espera: El origen popular de una fecha histórica

Las verdaderas efemérides culturales rara vez nacen en los fríos pasillos de la legislatura. Por el contrario, se gestan en el corazón de quienes viven, respiran y defienden su profesión día a día. El 13 de septiembre marca en el calendario argentino el Día del Bailarín Folclórico, una fecha que esconde detrás una fascinante historia de perseverancia, burocracia y, sobre todo, de apropiación popular.

En una reciente emisión del programa De ida y vuelta (Otras Voces Multimedio), junto a la columnista Andrea Blandini, los referentes culturales Teresa Caraza y Roberto Torres desandaron el camino de esta celebración. Un recorrido que demuestra que cuando el pueblo abraza su identidad, no hay cajón legislativo que pueda detenerlo.

El homenaje a Santiago Ayala, «El Chúcaro»

Para entender el porqué de la fecha, hay que remontarse a 1994, año en el que falleció uno de los maestros más grandes que dio la danza en Argentina: don Santiago Ayala, «El Chúcaro». Roberto Torres, quien fue su alumno y formó parte del Ballet Folclórico Argentino durante una década, sintió la necesidad de inmortalizar su legado.

En 1996, comenzó una profunda investigación para dar forma a un proyecto de ley. No se trataba simplemente de proponer una fecha al azar, sino de fundamentar ante los legisladores de Mendoza por qué el folclore necesitaba su propio día. Finalmente, en abril de 1998, el Senado provincial aprobó la resolución.

«Al pasar a la inmortalidad, no se está festejando su muerte, sino la inmortalidad del personaje.»

Esta reflexión poética de Torres responde a una pregunta frecuente: ¿Por qué conmemorar el día de su partida y no el de su nacimiento? En nuestra cultura, la partida física de un líder o referente marca el inicio exacto de su mito. Es el momento en que el maestro entrega su legado definitivo a las nuevas generaciones.

Cuando la costumbre vence al trámite legislativo

La historia dio un giro interesante cuando el proyecto saltó de la provincia de Mendoza a la órbita nacional. Gracias al impulso del entonces senador Carlos de la Rosa y la colaboración de figuras como Suna Rocha, la iniciativa logró media sanción en el Senado de la Nación. Sin embargo, como tristemente ocurre con muchos proyectos culturales, la ley «durmió» en la Cámara de Diputados.

Pero aquí es donde entra el componente editorial y social más valioso de esta historia: la validación popular. A pesar de que la burocracia nacional dejó el trámite inconcluso, el sector artístico ya había tomado la fecha como propia. Hoy, casi 30 años después, el 13 de septiembre se celebra en revistas, libros y academias de todo el país.

Los verdaderos hacedores de la cultura

Este fenómeno nos deja una lección contundente sobre la dinámica del poder y la cultura. La ley formal ya no es estrictamente necesaria porque el tejido social la instituyó por la vía de la costumbre. Además, pone sobre la mesa la importancia de reconocer a quienes realmente sostienen nuestra identidad. Los verdaderos «hacedores» de nuestra cultura no son los funcionarios de turno, sino:

  • Los bailarines y coreógrafos que dejan el cuerpo en cada escenario.
  • Los directores y músicos que marcan el pulso de la tradición.
  • Los iluminadores y técnicos que trabajan incansablemente detrás de escena.

El Día del Bailarín Folclórico es, en definitiva, una victoria del sentido de pertenencia. Un recordatorio de que las legislaturas son las casas del pueblo, pero es el pueblo mismo quien tiene la última palabra sobre a quiénes, cómo y cuándo decide recordar.

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