La provincia de Mendoza atraviesa una encrucijada donde la distancia entre las prioridades de la dirigencia política y las urgencias de los ciudadanos de a pie parece haberse vuelto insalvable. Mientras los recintos legislativos avanzan con agendas que rozan lo surrealista frente al contexto actual, en las calles, los comercios y los hogares, la realidad impone un ritmo dictado por la supervivencia económica. Este contraste brutal nos obliga a frenar, analizar lo que están debatiendo nuestros representantes y entender por qué, hoy más que nunca, las herramientas de participación democrática están bajo amenaza.
La agenda de la Legislatura: un mundo paralelo
Si repasamos los proyectos que han obtenido despacho favorable recientemente en la Legislatura provincial, el asombro es inevitable. Los debates se han centrado en la expropiación de terrenos para construir un humedal artificial en el colector Pescara, o en declarar de utilidad pública el histórico Molino Orfila simplemente para abrir una calle.
Pero quizás los puntos más desconcertantes sean otros. Por un lado, se impulsa un programa de entrenamiento laboral para que estudiantes secundarios de último año trabajen y «junten una moneda» para la universidad, una medida que precariza el esfuerzo de los jóvenes en lugar de garantizarles un acceso real y sostenido a la educación superior. Por otro, se avanza en la regulación de vehículos de apoyo para el turismo aventura, ignorando un dato alarmante que golpea al sector: polos turísticos clave como Potrerillos llevan meses prácticamente paralizados y sin visitantes.
«Nosotros tenemos que ser capaces de reunirnos sin depender del gobierno ni de los sindicatos.»
Mientras estas normativas ocupan las horas de los legisladores, el ciudadano común hace malabares. Las familias juntan monedas para pagar tarifas asfixiantes de luz y gas, los resúmenes de las tarjetas de crédito se vuelven impagables y, lo más doloroso, la alimentación básica de los niños está en riesgo. Escuchamos propuestas de declarar la «emergencia comercial», pero la traducción en la calle es simple: no hay ventas porque la gente estira el uso de la ropa y el calzado hasta lo imposible.
El debate nacional: cortinas de humo y el futuro de las PASO
Esta desconexión no es exclusividad de la provincia. A nivel nacional, el Senado discute reformas electorales que, si bien tocan puntos válidos como la «Ficha Limpia» o la incorporación de exámenes psicofísicos y toxicológicos para los candidatos (un viejo proyecto de Sergio Massa), parecen estar fuera de tiempo. Exigir pericias toxicológicas a la dirigencia mientras un sector mayoritario de la población no tiene garantizado el plato de comida refleja, de mínima, un problema severo en el orden de las prioridades del Estado.
Sin embargo, el verdadero nudo de la discusión en la Comisión de Asuntos Constitucionales es otro: la intención manifiesta del oficialismo y sus aliados de suspender o eliminar definitivamente las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Bajo el argumento del ahorro fiscal, se esconde una maniobra que atenta directamente contra la escasa capacidad de decisión que le queda al electorado.
¿Por qué la casta quiere eliminar las primarias?
La defensa de las PASO no es una defensa del sistema político per se, sino de la última barrera contra el «dedazo» de los líderes partidarios. En Mendoza, el Frente Cambia Mendoza u otras coaliciones pueden llegar a presentar múltiples candidatos, permitiendo que sea la ciudadanía quien filtre y ordene las listas. Si se eliminan las PASO, el poder regresa a las mesas chicas.
En el plano local, esto significa que figuras con altísimos niveles de desaprobación (las encuestas marcan un rechazo superior al 50% para la actual gestión provincial) serán quienes impongan los nombres. Las cúpulas partidarias, ya sean lideradas por Alfredo Cornejo en el oficialismo, o por dirigentes como Emir Félix en la oposición, definirán en congresos cerrados a puertas blindadas quiénes nos van a representar.
El curro de las candidaturas testimoniales
Hay un elemento más perverso en esta ingeniería electoral que a menudo pasa desapercibido para el votante: las candidaturas de sacrificio. Sabiendo que el calendario electoral mendocino está desdoblado, es habitual ver a intendentes o figuras de peso postularse a la gobernación sabiendo de antemano que no tienen posibilidades de ganar.
¿Cuál es el negocio entonces? El acuerdo de cúpulas. «Yo pongo la cara en la boleta provincial, pero a cambio me asegurás el primer lugar como Diputado o Senador Nacional en las elecciones de octubre». Es una transacción donde el voto popular se utiliza como moneda de cambio para asegurar el refugio de la dirigencia en el Congreso de la Nación por cuatro o seis años más.
La salida es involucrarnos
Frente a este panorama de leyes vacías de sentido y roscas electorales para salvar los privilegios de unos pocos, la queja pasiva ya no alcanza. Los espacios de poder que quedan vacíos son inmediatamente ocupados por las mismas estructuras de siempre, perpetuando un modelo donde quienes gobiernan no lo hacen en beneficio de sus representados.
La verdadera transformación, esa que prioriza el bienestar colectivo y frena el ajuste brutal sobre las familias y el comercio local, requiere que la ciudadanía dé un paso al frente. No es momento de ceder nuestra capacidad de elegir ni de permitir que desmantelen nuestras herramientas democráticas. O nos animamos a formar parte y construir algo nuevo, o seguiremos a merced de quienes hoy nos dan la espalda.


